Problemática y contexto socio económico del Brexit.

Apenas quedan dos semanas para que se vote en Reino Unido el referéndum que decidirá la salida del país de la Unión Europea. A día de hoy los sondeos arrojan cifras que otorgan hasta cinco puntos de diferencia a favor del Brexit. Puesto que la posibilidad de que se consoliden las posiciones en el referéndum son bastante altas, cabe preguntar:

¿Cuál es el escenario al que nos llevaría la salida de Reino Unido de la Unión Europea?

En primer lugar habría que valorar la actitud de personalidades políticas relevantes del país que, exceptuando el primer ministro Cameron, apoyan sin reservas el Brexit.

Ayer mismo el ex ministro de finanzas, Nigel Lawson (que por cierto vive en Francia), dejaba clara su posición respecto al Brexit: “Si gana la permanencia, el pueblo británico se arrepentirá amargamente. Sentirán que podríamos haber recuperado nuestra libertad y hemos fracasado en el intento, simplemente por miedo.”

Unas declaraciones tan explícitas sobre lo equivocado de las políticas de centralización, inmigración, toma de decisiones y estructura democrática de la Unión Europea no pueden causar indiferencia a cualquiera que crea en el proyecto común. Siendo cierto que la excesiva burocratización de las estructuras gubernamentales de la Unión Europea provocan disfuncionalidades y todo tipo de gastos, extraídos directamente del bolsillo del contribuyente, también es cierto que la consolidación de una moneda común y de un proyecto político y social que aúna los esfuerzos de la mayor parte de los países del continente europeo es un sueño por el que merece la pena luchar.

Si los ciudadanos de Reino Unido votan en contra de la salida de la Unión Europea, el escenario resultante podría servir de acicate para mejorar las dinámicas de la Unión, además de que debería impulsar a todos los países miembros a destilar todas las legislaciones vigentes para afianzar la fortaleza del continente y profundizar de paso en la mejora del proyecto común, aportando soluciones pragmáticas y reales a los problemas a los que se enfrenta el Europa. Frente a los críticos a la Unión Europea actual, la mejor solución es la purificación y optimización de la integración de los países de la zona euro y sus socios en la consolidación de la región geográfica a nivel mundial que en su conjunto goza de un PIB más alto.

Si por el contrario sale ganadora la opción de ruptura con la Unión Europea, quien vería mermadas sus exportaciones sería Reino Unido, con un 44% de exportaciones que van a países de la Unión, mientras que ésta exporta únicamente un 8% a las Islas Británicas. Ciertamente la pujanza de la City londinense y las peculiaridades de la economía británica permiten que no sea el de las exportaciones un dato decisivo, pero en cuanto a ese debate debería de quedar claro que es Reino Unido quien tiene más que perder. La Unión Europea podría trasladar su capital humano y financiero de Londres a Frankfurt con relativa rapidez y eficiencia, por lo que la flexibilidad en ese sentido está a favor de la Unión.

La desestabilización que podría provocar el Brexit, si ganara, podría reactivar las bases soberanistas de Gales y Escocia, que encontrarían nuevas razones para reivindicar su independencia del Reino Unido y quizá acercarse a la Unión Europea revalidando sus sendas candidaturas a estado miembro de la Unión Europea.

La coyuntura internacional y geopolítica podría afectar a las políticas de seguridad y defensa, en las que tanto la Unión Europea como Reino Unido no deberían diverger, precisamente en estos tiempos en los que sobrevuela sobre toda Europa la amenaza del terrorismo. La colaboración entre países miembros está lejos de ser la ideal, pero no debiera mermarse su capacidad de respuesta frente a retos como la seguridad nacional o la defensa común. No estamos viviendo momentos que inviten a la relajación en cuanto a la cooperación en seguridad, tanto a nivel nacional como a nivel continental europeo.

Tal y como se deduce de las declaraciones vertidas a los medios de comunicación a través de encuestas y sondeos, la ciudadanía de Reino Unido teme que una mayor integración en Europa signifique mayores flujos de inmigración no deseada en los próximos años y décadas, problemática que por sí misma está creando tensiones a nivel continental y que, si se quiere resolver con firmeza, debería resolverse conjuntamente, teniendo en cuenta todos los factores y contando con la participación de Reino Unido. Cuando Nigel Farage propuso en el Parlamento Europeo adoptar las políticas de inmigración que adoptó Australia para combatir la inmigración ilegal como modelo a seguir, tanto para evitar más muertes en el mar como para acabar con el tráfico de personas, las críticas fueron mayoritarias. Esta misma semana, el joven ministro de exteriores de Austria, Sebastián Kurz, ha propuesto seguir las políticas de Australia en materia de inmigración dado el éxito cosechado, principalmente evitando las muertes en el mar y el descenso de tráfico de personas con destino a Australia. Sea cual sea la resolución que tome Europa en este importante asunto, que a la postre ha sido uno de los temas que ha disparado los votos a favor del Brexit, la Unión Europea deberá actuar con pragmatismo y firmeza si no quiere que la población europea vea cada vez con ojos menos críticos a los partidos políticos más extremistas, que proponen generalmente soluciones bastante cuestionables. Desde las irresponsables políticas aperturistas de la extrema izquierda hasta las políticas en exceso proteccionistas de la extrema derecha, el papel de la política continental debiera ir en la dirección correcta, buscando el conveniente justo medio y estableciendo líneas rojas indiscutibles. Otra de las razones que convencen a cada vez mayor número de ciudadanos británicos para apoyar la salida de la UE es la pérdida de soberanía política, en favor de un parlamento Europeo que no acaban de aceptar y que no es capaz de reflejar las aspiraciones y la voluntad del pueblo. La falta de representatividad es un problema en sí mismo que no está aún suficientemente tratado en la mayoría de países europeos.

Por otro lado, buena parte de la población europea pondera el Brexit como un escenario negativo para el futuro de Europa. Según una encuesta del Pew Research Center en diez países miembros de la UE, en Suecia un 89% opina que la salida de Reino Unido perjudicaría a la UE, mientras que en Italia la cifra solo llega al 57%.

Desde el Institute of European Advancement encontramos algunas justificaciones a las distintas controversias que causa el Brexit, por lo que en las próximas semanas continuaremos publicando artículos que den cobertura a la difícil coyuntura política en la que nos encontraremos sea cual sea el resultado del referéndum del próximo 23 de Junio.





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