Política Social en la Unión Europea

LA IMPORTACIA DE SABER QUIENES SOMOS EN LA UE

A pesar de haber dejado de ser el mal llamado centro del mundo, Europa continúa siendo la región geográfica que en su conjunto cuenta con más posibilidades de encarar el futuro con optimismo, prosperidad y esperanza.

Tanto en los campos de la ciencia, la cultura, el pensamiento, el arte, la música, como en el orden social y la seguridad física de los individuos y las organizaciones civiles y ciudadanas, Europa sigue siendo un referente.

En las últimas décadas han surgido grandes metrópolis en el mundo, tanto en Asia, Australia y Oriente Medio como en los Estados Unidos de América. Europa cuenta con menos población y pujanza en comparación con otras latitudes, pero en su conjunto el continente europeo es y será a corto, medio y largo plazo un lugar al que querrán acudir seres humanos de todo el planeta por el nivel de civilización alcanzado.

El único imperativo y condición será la conservación de la soberbia herencia que nos ha sido legada a través del conocimiento escrito y del patrimonio físico del continente. En nuestros días vivimos en un mundo globalizado donde la información fluye a través de los sistemas de comunicación como si de un sistema nervioso omnisciente se tratara, pero gracias a nuestra nueva forma de comprender al ser humano tenemos actualmente la capacidad de análisis suficiente como para comprender el origen de las crisis sociales y económicas y las turbaciones que en el pasado generaron guerras, genocidios, expulsiones, el colapso de civilizaciones enteras o plagas que mermaron a la población a lo largo y ancho de reinos, imperios y continentes.

Somos capaces de predecir catástrofes naturales o sociales, aunque no siempre seamos capaces de reaccionar ante ellas. No solo basta con tener la información, sino que hay que compartirla de manera didáctica, constante y transparente con la mayor cantidad de individuos como sea posible. Es una responsabilidad irrenunciable si no queremos que las minorías que detentan el conocimiento manipulen nuestro futuro o nuestro presente.

Nuestro pacto con el Leviatán (el Estado) no puede extenderse a un nuevo pacto con el Kráken, una figura aún más monstruosa que el Leviatán y aún más poderosa y extendida por todo el mundo. Sería el monopolio de la información por parte del Estado, pudiendo así caer en las manos equivocadas, pudiendo así ser manipulada a través de los omnipresentes medios de comunicación y de la tecnología cotidiana.

Es esencial, por tanto, que la sociedad sea conocedora de su identidad, del origen de la sociedad actual, de las verdades y mentiras contadas sobre sus países, de la importancia de la preservación del conocimiento de las tradiciones y del fortalecimiento del pensamiento crítico, sin el cual tan fácilmente podemos caer en los errores del pasado, o diluirnos en un aculturamiento global, un nihilismo negativo en el sentido nietzscheano, fácilmente manipulable.

Gracias a ese inmenso conocimiento, es nuestro deber más que nuestra obligación tratar de comprender los avatares que acechan en silencio y amenazan con convertir de nuevo a Europa en territorio de barbarie y desorden.

Esas amenazas hoy en día están presentes ya sea a través de partidos políticos radicales, lobbies socioeconómicos, terrorismo, enfrentamientos territoriales o conflictos sociales, podemos rastrear sus huellas y ponerlas a la luz para examinarlas y tratar de reaccionar para prevenir a nuestro continente de un futuro en el que la libertad, la conservación de nuestras tradiciones y la profundización en el misterio de la vida, de la consciencia humana y los confines del universo, con la tecnología y la cultura como pilares fundamentales de nuestra sociedad, sean rasgos de un pasado inalcanzable, al igual que pensaron las gentes del Renacimiento respecto de la Época Clásica, remota y lejana.

Ellos no podían conocer las silentes amenazas que se escondían en oscuras probabilidades o enemigos ocultos que serían motivo de futuras desdichas para el continente. Y aún así reconstruyeron la grandeza de la época clásica y dieron pie al nuevo mundo que fue erigido desde Europa y alrededor del mundo.

Tal y como los griegos tuvieron que enfrentar a una todopoderosa potencia encarnada en aquel momento por el Imperio Persa, la Roma imperial se enfrentaría asimismo a la decadencia de sus fronteras y a la inevitable caída en manos de pueblos bárbaros que no aceptaban ni las leyes ni el orden impuesto por los Césares y sin embargo usarían su contacto con la civilización del Imperio para erigir su nuevo orden.

El Imperio Romano de Occidente cayó presa de los pueblos llegados de las estepas asiáticas, que cayendo en cascada sobre el continente y más tarde sobre la capital imperial derrocaron al último emperador romano, Rómulo Augusto.

No se nos escapa el detalle que este modelo está bastante lejos con respecto a la tendencia actual en Europa pero, dejando de lado nacionalismos y regionalismos, tal vez más adaptados a otras épocas, sea la forma más eficaz y eficiente de afrontar los retos futuros, preservando al mismo tiempo nuestro estilo de vida. Hasta donde podemos ver, las Fuerzas Armadas han sido, son y serán requeridas en todos los países, tanto si se quiere mantener un rol en el escenario internacional como preservar el estilo de vida de sus ciudadanos. La creación de esta institución no debería ser un paso a evitar.

El calado de la cultura, las leyes y la grandeza romana no se extinguió. El Imperio Romano de Oriente siguió vivo y siglos después Carlomagno afrontó la nueva amenaza que se cernía sobre Europa a través de la construcción de un nuevo imperio europeo que contrarrestara las imparables conquistas de los pueblos de África y Eurasia.

La antorcha del orden y la ley permanecía encendida en el Imperio Romano de Oriente, que sería la pieza codiciada por los pueblos de Oriente Medio.

Tras el Renacimiento, la Edad Moderna comenzó con la caída de Constantinopla en 1453. La amenaza llegada del Este, con un pujante y poderoso Imperio Otomano extendiendo sus brazos entre tres continentes aguzó la imaginación y la audacia de nuestros antepasados, que tras la batalla de Lepanto en 1571 reconquistaron las aguas del mar Mediterráneo y dieron un vuelco espectacular a la historia estableciendo un apéndice de nuestra civilización en América, donde muchos pensaban que se alojaba el futuro, huyendo de la vieja Europa y de las guerras de los reyes y las continuas amenazas llegadas de lejanas latitudes. La Edad Moderna concluyó gloriosa y sangrientamente con la Revolución Francesa, que en 1789 marcó a Europa para siempre. La Europa desangrada por las guerras de religión o los enfrentamientos entre potencias rivales, las conspiraciones y revueltas sociales, los pogromos y las persecuciones, las epidemias y la pétrea sociedad estamental desembocaron en una explosión social sin precedentes, que es exacto reflejo de la recurrente búsqueda de los pueblos de Europa de cambiar, aunque sea a peor, pero cambiar manteniéndonos firmes como civilización.

Así pues, Europa pasó de ser el faro que irradiaba al globo a ser una antorcha que incendiaba al mundo entero con la potencia de sus ideas y el destino del mundo desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, que llamamos Edad Contemporánea, estaría de una u otra forma iluminado con la luz de los europeos.

Pero las amenazas continuaron surgiendo del propio corazón de Europa y las dos guerras mundiales consumieron al continente. Ya nunca más volvería a poseer las glorias del pasado, su poder, su cultura, su civismo. O eso creíamos nosotros mismos.

Y es que, siendo el año 2015 después de Cristo, Europa continúa siendo un polo de atracción que luce como una llama en el desierto. Y las amenazas que encontramos en nuestros días siguen siendo las que provienen de otras latitudes, las que amenazan nuestras fronteras y las que atentan contra nuestras libertades y contra nuestra concepto de la vida.

Al igual que durante la Crisis del Siglo III, la seguridad, la libertad de movimientos, el intercambio económico entre regiones y el peligro de la pérdida del dominio del Mediterráneo a causa de la piratería y el grave problema del control de las fronteras siguen siendo causas por las que Europa, si quiere subsistir otros mil dos mil años, debe combatir con la inteligencia y la sabiduría acumulada y, cuando haga falta, debe responder a las agresiones en su territorio con respuestas punitivas lo suficientemente contundentes como para disuadir de hacerlo a todo aquel que quiera hacernos daño, o desee disfrutar de la miel que supone ser ciudadano europeo sin haber colaborado humildemente, como cualquier otra abeja en una colmena, a la consecución de un bien mayor: la persistencia en la Historia de la civilización europea.

Como decía G.K. Chesterton, el futuro se ve como algo romántico, pero mirar al pasado con desdén, incluso miedo, es el mayor acto de cobardía que puede cometer la sociedad de nuestro tiempo.

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