Sobre la conveniencia de futuras ampliaciones.

Por Javier Montaña Otero.

Décadas antes de que la Unión Europea existiese como tal, ya habían surgido ideas previas acerca de una unificación de Europa, pero no fue hasta que surge la Unión Internacional Paneuropea, también conocido como movimiento Paneuropa en 1924, cuando estas ideas adquirieron una forma más sólida y seria, destacando la publicación del manifiesto Paneuropa, por parte del conde austriaco Coudenhove-Kalergi, en el que cual se establecían una serie de directrices para conseguir esta unificación.

La Unión Internacional Paneuropea trataba de unificar Europa, a grandes rasgos, con la intención de evitar futuras guerras entre países del continente y recuperar la hegemonía europea, perdida frente a los Estados Unidos de América. Los cuatro principios básicos para ello eran el liberalismo, la responsabilidad social, el europeísmo y el cristianismo, aunque abiertamente acogía y reconocía las contribuciones del Judaísmo y el Islam que se considerasen beneficiosas para lograr el objetivo unificador.

Se realizaron una serie de Congresos Panaeuropeos para difundir sus postulados e ideas, llegando a congregar en Viena entre el 3 y el 6 octubre de 1926 a cerca de 2000 personas de 24 países, entre los que se encontraban por parte española Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset.

Estos intentos de unificación europea quedaron suspendidos con la prohibición de este movimiento por el régimen nazi, y seguidamente con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Una vez finalizada la contienda en 1945, el mundo quedó dividido en dos bloques, por un lado el bloque comunista soviético, liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y por el otro, el bloque occidental, liderado por los Estados Unidos (EE.UU.).

Esta división era más tensa y notoria en Europa, dado que países europeos e incluso fronterizos pertenecían a bloques distintos. No obstante, a pesar de ello, el proceso de unidad europea era inevitable, aunque por el momento tan solo en el bloque occidental, y comenzó a cimentarse con la firma del Tratado de París en 1951, firmado por los "seis" (Luxemburgo, Bélgica, Francia, Italia, Países Bajos y Alemania Occidental) y por el cual nacía la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA).

En los años siguientes se firmaron los Tratados de Roma en 1957 por los cuales se establecieron la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM), y la Comunidad Económica Europea (CEE), siendo sus signatarios los mismos países firmantes del Tratado de París. Todo este proceso de unificación alcanzó su culmen con la firma del Tratado de Maastricht en 1992, a partir del cual comienza a utilizarse formalmente el término Unión Europea (UE), y el cual entró en vigor un año después, y que ha sufrido 3 revisiones hasta ahora.

Los inicios de la unidad europea

Para el ingreso hay que cumplir una serie de requisitos, fundamentalmente políticos y económicos, conocidos como criterios de Copenhague, entre los que podemos destacar:

1- Ser un país europeo. 2- Tener unas instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, los derechos humanos y el respeto de las minorías. 3- Que el estado interesado tenga de una economía de mercado viable y capacidad para hacer frente a la competencia y las fuerzas del mercado dentro de la UE. 4- La capacidad para respaldar las obligaciones de adhesión, tanto políticas, como económicas y monetarias.

Posteriormente, la Comisión elabora un dictamen, el cual es valorado por el Consejo Europeo para decidir establecer negociaciones con el país candidato para su posterior incorporación a la UE.

Así, desde 1951 hasta la actualidad, ha crecido espectacularmente el número de países miembros, pasando de los 6 Estados fundadores a los 28 Estados actuales. No obstante, este proceso aún no ha finalizado, existiendo una serie de países interesados en ingresar a la UE.

Cabe destacar que la mayor ampliación ha surgido como consecuencia de la caída del muro de Berlín en 1989, y la posterior desintegración de la URSS y la disolución del Pacto de Varsovia en 1991, uniéndose a la UE en los últimos diez años, 13 países, de los cuales, a excepción de Croacia, Eslovenia, Chipre y Malta, el resto eran miembros de la antigua URSS, o estaban alineados con esta en el bloque del este.

En otras palabras, prácticamente se ha duplicado el número de miembros en apenas 10 años, pasando de los 15 Estados miembros que había antes de 2004, a los 28 que hay actualmente.

La conveniencia de futuras ampliaciones

Los países actualmente candidatos al ingreso en la UE son Turquía, Macedonia, Montenegro, Serbia, Albania, Bosnia y Kosovo. Asimismo hay que tener en cuenta, que existen 3 países que han desestimado su ingreso en la UE tras haber presentado su candidatura, los cuales son Islandia, Suiza y Noruega.

Pero, ¿es conveniente ampliar la UE hasta tal ingente cantidad de Estados? Con que apenas unos pocos estados candidatos ingresen finalmente, la UE contaría con más de 30 países, lo cual en la humilde opinión de este escribiente, puede traer más problemas que beneficios, ya que se estarían integrando muchos países con culturas demasiado distintas, con historias distintas, y sobre todo con intereses políticos y económicos distintos.

Hoy en día la UE abarca una extensión de mas de 4 millones de kilómetros cuadrados, en los que viven más de 500 millones de habitantes, entre los que existen unas abismales diferencias en cuanto a renta per cápita o calidad de vida, por ejemplo, que a la larga pueden pasar factura.

Quizá como consecuencia de tal ingente ampliación hay países que han paralizado o congelado su ingreso, y hay otros países que ponen en duda su continuidad en la UE, debido a que consideran que para ellos la adhesión o el seguir formando parte, les puede traer a la larga más perjuicios que beneficios.

En la última década parece que se ha buscado más la cantidad que la calidad, y se ha dado el visto bueno a incorporar varios países de la órbita ex soviética, mas bien en mi opinión para evitar que estos vuelvan a estar cerca del lado ruso y evitar así la formación de otro conglomerado ruso en el continente, que por el convencimiento de su europeicidad.

Así, se producen situaciones tan disparatadas como rechazar la adhesión de Turquía, básicamente por motivos religiosos y culturales, pero la cual ha sido miembro de la OTAN desde principios de los 50 en plena Guerra Fría en contraposición al bloque soviético, pero si aceptar la adhesión de países como Rumania o Bulgaria.

Estos dos últimos países, aunque religiosamente sí, culturalmente no difieren mucho de Turquía, incluso contando Bulgaria con un alfabeto distinto al de resto de países europeos. Además son los países con la renta per cápita más baja de toda la UE, prácticamente 3 veces menor que la media europea, razón por la cual y para evitar una masiva llegada de trabajadores de estos países al resto de la UE, se instauro una moratoria que les impedía trabajar por cuenta ajena hasta 2014.

Por otro lado, algunos países del este de Europa, debido a las calamidades sufridas durante su vinculación con la URSS, consideran la entrada en la UE, como su gallina de los huevos de oro particular y la solución a muchos de sus problemas, y deben entender que el ingreso en la UE conlleva también una serie de responsabilidades que deben estar dispuestos a asumir, y una de ellas es la pérdida de una parte de su soberanía, que quizá en los países que se independizaron de la URSS en los 90 sea más difícil de asumir.

Los países de Europa occidental, son los que tienen más peso en la UE, además de contar con una cultura, historia e intereses más o menos uniformes entre sí, y aún así no es difícil encontrar asuntos en los que destaca la falta de unanimidad entre ellos; imaginemos de aquí a un tiempo las divergencias que pueden suscitarse al tratar cualquier tema medianamente complejo entre países que pertenecieron a bloques geo-políticos opuestos hasta hace apenas 25 años, pudiéndose ir fragmentando profundamente la UE en varios bloques de países de acuerdo a sus intereses.

Por todo ello no es descabellado que en futuro próximo, a causa de la integración de tantos y tan diferentes Estados, la unidad europea pueda fracturarse bastante más de lo que ya lo esta.

El único modo de poder solventar con éxito estas ampliaciones tan grandes, que pueden desembocar en esta fragmentación, es que tanto los países recién adheridos como los países veteranos de la UE, cedan más parte de su soberanía aún a las instituciones comunitarias, y piensen en la UE como un todo y en Europa como si fuese su propio país, y no como en su territorio de caza particular en el que buscan sacar la mejor tajada. La UE debe buscar asemejarse a los Estados Unidos en la medida de lo posible.

En caso de que esto no sea posible, en un futuro no muy lejano, comenzará a verse que el ingreso de decenas países de golpe y porrazo, tan solo por el mero hecho de estar geográficamente en Europa y cumplir unos requisitos políticos y económicos, pero que durante varias décadas estuvieron muy alejados de aquella conciencia europeista surgida en los seis países fundadores, generará gran cantidad de problemas tanto a ellos, como al resto de la UE.







Follow us