DEL GREXIT AL BREXIT: VOTO DEL ENFADO EUROPEO

La creación del término “grexit” cuando Grecia estuvo luchando en las negociaciones con sus deudores europeos, fue un hito en la historia de la Unión Europea. La posibilidad de que un estado miembro viera la posibilidad de su salida de la Unión y del Euro se vio entonces como posible, incluso se le dio un nombre. En el caso Griego, Syriza, un partido de extrema izquierda, puso en tensión la continuidad del proyecto europeo, ya que se puso sobre la mesa la cuestión de que “si uno sale ¿por qué no cualquiera o todos?”. Syriza, bajo mi punto de vista, representa otra muestra del “voto del enfado” que se están dando en numerosos países occidentales. En cada país se muestra con caras diferentes: en España tenemos a “Podemos”, en Francia “Le Front Nationel”, en Alemania “Alternative Für Deutschland”, en países de la órbita de la antigua Unión Soviética y de nueva incorporación podemos observar el “Grupo de Vysegrad” con partidos extremistas y antieuropeos en muchos casos, o que al menos quieren caminar por su cuenta. En el Reino Unido también numerosas voces que apoyan el “Brexit”, tema de rigurosa actualidad en el momento de escribir estas líneas cuentan como punto de ruptura para el proyecto europeo.

Geert Wilders, líder de la extrema derecha en Holanda.

Gracias a la interminable inventiva periodística el término “Nexit” también ha visto la luz. Este término es aplicado para referirse a la posibilidad de salida de Holanda de la Unión. Esta idea comenzó a fraguarse por el referéndum de consulta al pueblo holandés acerca de la posibilidad de acercar lazos comerciales a Ucrania, tal vez antesala de otra adquisición para las filas de la Unión. En Holanda, Geert Wilders y su partido extremista ya tienen sillón en el gobierno. En Italia, el “Movimento Cinque Stelle” de Beppe Grillo también aboga por una insumisión ante las decisiones de Bruselas, si bien el ruido que hacen es mucho menos ya que no plantean una separación de los miembros europeos tan abiertamente como otros. El partido italiano incluye en sus programas nociones magistrales de antipolítica, euroescepticismo y anti-euro como divisa única.

Mi lectura de estos Brexit, Grexit, Nexit, etc, es que es una de tantas respuestas a la actuación de la clase política nacional tanto dentro de cada país miembro por separado y en Bruselas coo conjunto europeo. El hartazgo de la población viene reflejado en los últimos tiempos (desde poco después del estallido de la crisis) en la papeleta y en el gesto de introducirla en la urna. Se da el caso de que todos estos partidos emergentes, o que han tenido más éxito electoral en los últimos años, son los que recogen los votos que antes iban hacia los partidos tradicionales. Estos partidos son vistos como culpables de la situación actual, tanto económica como social. Así mismo, parecen favorecer una independencia de las decisiones de Bruselas con las que los partidos tradicionales se han identificado. Parece ser que el voto del enfado favorece una mayor desintegración para nuestra Unión en la mayoría de los casos, ya que se culpa al status quo precedente de todos los males, y que la eliminación de ese status quo europeo es la solución. Pocos partidos emergentes enuncian propuestas de una mayor integración como solución, en lugar de una desintegración.

Estas respuestas de la población hacia corrientes extremistas antieuropeas son los pasos hacia el vacio de alguien que no piensa en las consecuencias de haberlos dado hasta que cae por el precipicio. El Brexit llevaría al Reino Unido a empobrecerse, dejando la City de Londres de ser el centro financiero de Europa, a favor de Frankfurt. El Grexit llevaría a rango de república en vías de desarrollo a Grecia, sin el apoyo de Europa. El desagradecimiento de “los de Vysegrad” por haber bajado el listón para que pudieran venir a formar parte del selecto club europeo se paga con una insumisión y con la incipiente formación de una “Unión Europea del Este”, el llamamiento a la realización de referéndums en Holanda (centro mismo del proyecto Europeo) es un incipiente ensayo de un futuro referéndum para el Nexit sin pies ni cabeza porque sustituye la función del parlamento europeo, y el frente Nacional se mueve en pos de un autarquismo diametralmente opuesto al proyecto europeo.

Todos estos casos y algunos otros que me dejo en el tintero, son ejemplos de demagogia de partidos que abogan entre otras cosas por proyectos antieuropeistas, populistas y que no quieren realmente el bien para su gente, si no explotar una vía que actualmente les está rindiendo beneficios electorales. Cabe pensar, sin embargo, que es cuestión de una moda pasajera y que el sentido común volverá, tras haber dado un toque de atención a los partidos centristas proeuropeos.







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